¿Tu diagnóstico de VPH te genera ansiedad? Estrategias alimentarias y emocionales para sanar.

La Organización Mundial de la Salud (2024) define al Virus del Papiloma Humano (VPH) como una enfermedad de transmisión sexual (ETS) la cual puede afectar la piel, la garganta y sobre todo la región genital (por lo general no ocasiona síntomas), y que se presenta en casi toda la población sexualmente activa (> del 80 % de la población), es decir, cualquier persona sexualmente activa puede contraer VPH.

Tipos de VPH:

Existen 2 tipos de VPH, los de bajo riesgo y los de alto riesgo.

 

Los de bajo riesgo se caracterizan por causar verrugas en los genitales, ano, boca, garganta, planta de pies o manos o en la zona que los rodea. Rara vez causan cáncer.

Por otro lado, los de alto riesgo se caracterizan por estar relacionados con el desarrollo de cáncer (de los cuales destacan el VPH 16 y el VPH 18 por ser los causantes de la mayoría de los casos de cáncer por VPH).

 

Además, las infecciones por VPH se clasifican según el grado de Lesión Intraepitelial Escamosa (LIE) que se presente:

 

LIEBG (Lesión intraepitelial escamosa de bajo grado):

Comúnmente llamada NIC 1 (Neoplasia Intraepitelial Cervical), es el primer estadío de la infección por VPH, el cual se caracteriza por causar anomalías leves en las células cervicouterinas (displasia) las cuales se corroboran por medio de un Papanicolau, biopsia y colposcopía. En la mayoría de los casos las LIEBG no requieren tratamiento médico inmediato ya que pueden ser controladas por medio de un estilo de vida saludable como primera línea de acción.

 

LIEAG (Lesión intraepitelial de alto grado):

Es el segundo estadío de la infección por VPH en la cual se encuentran el NIC 2 y NIC 3, las cuales se caracterizan por ser alteraciones precancerosas en las células cervicouterinas. A diferencia de las LIEBG, las LIEAG tienen mayor probabilidad de progresar a cáncer si no se detectan y tratan de manera oportuna. Este tipo de lesiones se detectan por medio de una colposcopía y biopsia, y requieren tratamiento médico para poder eliminar las células anormales de la zona afectada; entre los tratamientos más comunes se encuentran la conización (extirpa una muestra de tejido en forma de cono del cuello uterino) y la Escisión electroquirúrgica con asa (elimina el tejido anormal bajo la utilización de láser).

 

Sistema inmune VS VPH:

La función principal del Sistema inmune es proteger y defender a nuestro organismo de sustancias que considere dañinas o extrañas (como el VPH). En la mayoría de los casos, cuando una persona con VPH tiene su sistema inmune fortalecido, es poco probable que presente síntoma alguno ya que su organismo es capaz de inactivar el virus, es decir, detiene la actividad dañina y la proliferación del virus en todo el organismo; sin embargo, cuando el sistema inmune de una persona con VPH está debilitado o está atravesando por procesos de estrés, esta capacidad de inactivar el virus se debilita, ocasionando que el virus pueda proliferar y causar daño en las células afectadas provocando así lesiones NIC 1, 2 y 3 hasta llegar al cáncer.

 

Alimentación VS VPH

Si bien la mayoría de los casos de infecciones por VPH desaparecen por si solas sin necesidad de tratamiento, existen recomendaciones alimentarias que pueden ayudar a fortalecer tu sistema inmune para combatir el VPH.

 

Antioxidantes:

El consumo de antioxidantes está asociado a una menor persistencia de la infección y por ende un menor riesgo de evolución de NIC hasta cáncer.

Alimentos: Frutas de color naranja, amarillo y rojo (berries, papaya, naranjas, limones), verduras de hoja verde obscura y hortalizas (kale, espinaca, brócoli, pimientos) y frutos secos (almendras, nueces, pistaches).

 

Ácido fólico:

El consumo de Vitamina B9 (Ácido Fólico) está asociado a una regresión de las lesiones cervicouterinas.

Alimentos: Frutas y verduras de color naranja, rojo y amarillo, verduras de hoja verde obscura, cereales integrales, legumbres (frijoles, soya, lentejas), frutos secos y el huevo (la yema es la que contiene ácido fólico).

 

Zinc:

El consumo de zinc está relacionado con una reducción en la persistencia del virus y una progresión benéfica en las lesiones.

Alimentos: Lácteos (quesos, leche, yogurt), carnes magras (carne roja, pollo y mariscos), frutos secos (especialmente las semillas), legumbres y cereales integrales.

 

Si bien una alimentación saludable es la primera línea de acción para prevenir y tratar el VPH, también debe complementarse con un estilo de vida saludable basado en el consumo de agua, realizando actividad física y evitando consumir alimentos ultra procesados, alcohol y tabaco, lo cual te ayudará a fortalecer tu organismo para prevenir la infección por VPH o para reducir los efectos causados por el mismo.

 

El impacto psicosocial: Donde la biología se encuentra con el estigma

El diagnóstico de VPH trasciende lo biológico para convertirse en un fenómeno de salud mental y social. Desde la psicología, entendemos que el bienestar de una persona no depende solo de su diagnóstico de VPH, sino de cómo interpreta su condición en un entorno que suele castigar la sexualidad femenina. La desinformación y los estereotipos de “promiscuidad” actúan como estresores crónicos que pueden debilitar el sistema inmune a través del eje psico-neuro-inmunológico; es decir, la ansiedad y la culpa generadas por el estigma social no solo afectan el ánimo, sino que pueden comprometer la capacidad del organismo para gestionar la infección. Por ello, el abordaje del VPH debe ser integral: una atención que no solo vigile la salud física, sino que también desmonte los prejuicios que fracturan la identidad y la seguridad emocional de las mujeres.

 

Mas allá del diagnóstico: Consecuencias psicosociales del estigma por VPH en mujeres

 

Si bien un diagnóstico de VPH es un proceso difícil de asimilar, los estigmas sociales acerca de este tema lo vuelven aún más complicado, ya que por décadas la sociedad nos ha hecho creer que el VPH es exclusivo de las personas promiscuas, lo que genera culpabilidad, miedo al rechazo, vergüenza y ansiedad en las personas que viven con este diagnóstico (la mayoría mujeres que han sido diagnosticadas con VPH).

Desmantelar el estigma no es solo un acto de justicia social, sino una necesidad de reconciliación con nuestra propia historia. Al entender que el VPH es, en esencia, una parte casi universal de la experiencia humana, despojamos al diagnóstico de su capacidad para generar vergüenza. Sanar el cuerpo comienza por sanar el juicio: recordar que un virus no define nuestra integridad, nuestro valor, ni nuestra historia, es el primer paso para transformar el miedo en cuidado consciente y la culpa en resiliencia