El mes pasado, febrero, el ya nombrado mes del amor y la amistad, me invitaron a
impartir un taller a un grupo de mujeres, un taller donde se hablaría de los mitos del amor romántico y las violencias, El taller se llamó “Feliz día del amor romántico y sus violencias”. El taller lo conformó un grupo de mujeres jóvenes, solteras y madres autónomas, que tenían como expectativa hablar sobre sus historias de amor y conocer los mitos de éste. Comencé con el análisis de dos películas infantiles de Disney, El Rey León y la Sirenita. La primera protagonizada por un personaje masculino y la segunda un personaje femenino, esto es para visibilizar la frase de Kate Millet “mientras nosotras amamos, ellos gobiernan”. Visibilizar, además cómo el amor se convierte en el eje central de la vida de las mujeres mientras que para los hombres es un tema importante pero no central en sus vidas.

La frase, “el amor, el opio de las mujeres” no la utilizó mucho, no me hace sentido pensar que el amor sea una droga pues entonces justificaría que los impactos que deja el amor, el amor romántico, son efecto de una droga y no las violencias de los agresores, los
decretos, creencias y opresiones que impone el amor romántico.

Cuando el motivo de consulta de las mujeres que acompaño es la ruptura amorosa siempre es indudable que en algún momento del acompañamiento me digan “yo estoy aquí y él… sigue en su trabajo como si nada, o ya empezó a salir con alguien más, o no creo que él se sienta como yo me siento”; después la pregunta que sigue es: ¿por qué pasa esto?; y enseguida comienza la manifestación de sentimientos de insuficiencia y los sentimientos de culpa acompañados de llanto. Identifico que su dolor se acompaña no sólo de lágrimas sino también de no sentirse elegidas por alguien que regularmente es un agresor y que después identifican en el proceso, pero algunas
veces se resisten a mirarlo, le idealizan, le justifican y continúa el largo y doloroso camino de la culpa y de no sentirse suficientes. Me resisto a creer que lo anteriormente enunciado forma parte del efecto de una droga.

Sé que la frase “el amor, el opio de las mujeres” va más allá de considerar el amor como una droga si no lo que implica, perdernos a nosotras mismas o como diría Clara Coria “el cajoneo amoroso” que consiste en acomodarse forzadamente al gusto ajeno, privilegiar exclusivamente los anhelos del ser querido o esconder lo más auténtico de la propia personalidad, aunque para todo ello el precio que hay que pagar sea “perderse a una misma” (Coria, 2001).

Son diversos los mitos del amor romántico como: el amor todo lo puede, la media naranja, si no te cela no te quiere, el amor es para toda la vida, relaciones binarias, la pasión eterna, el amor es a primera vista, el amor es sacrificio, entre otros. Todos estos mitos,
durante el proceso psicoterapéutico se desmitifican, conviene hacerlo así como estrategia de prevención y para vivir relaciones sexo afectivas igualitarias y libres de violencia; sin embargo, no es un proceso sencillo muchas veces lo interpretan como si les quitara la
posibilidad de enamorarse, como si estuviera en contra del amor y ahí comienzan las resistencias o el abandono de su proceso, las que deciden quedarse descubren que no es estar en contra del amor, podemos amar, lo que nos pone en riesgo es amar bajos los
preceptos del amor romántico, como bien menciona Coria (2001) y lo que me rige a nivel profesional y personal que es proponerme a eliminar los velos de ocultan el uso que hace la sociedad patriarcal para mantener a las mujeres prisioneras de ilusiones inalcanzables
en las que se pierden a sí mismas.

No es sencillo eliminar el amor romántico sobre todo cuando una sociedad se empeña en seguir reproduciendo éste en canciones, películas y series de televisión a nivel mundial.

Hace poco vi algunos capítulos de una serie coreana, lo que vi fue una clara manifestación del encuentro del príncipe azul que rescata, la pérdida del proyecto académico por el amor de un hombre, la formación de la familia, el mensaje que el amor
todo lo puede y todo lo soporta; entre otros mitos. Hay que sorprendernos porque son contenidos actuales, de otra cultura, otro idioma pero con los mismos mitos del amor romántico.

Todo lo anterior me atraviesa, yo aprendí desde muy niña que el amor era sacrificio, que el amor era carencia, olvidarse de una misma, no tener intereses propios, aprendí que mi tiempo era el de la otra persona, que el amor era sufrimiento, era no tener amistades y
alejarme de mi familia, que estar casada con una persona era quedarse de por vida con ésta y era rutina. Todo lo anterior nada alentador y así fue creciendo y viviendo la historia no sólo a través de mi mamá sino también a través de las tías, primas y hermanas. A la
fecha me hablan de amor o vivir con alguien y me genera emociones nada agradables, pienso en la pérdida de mi libertad, mi tiempo, carencias, dependencia y mi paz mental.

Pienso que no hacerlo es mi rebeldía y es romper con la creencia tradicional que ha impuesto el patriarcado de que nuestra realización como mujeres es relacionarnos con un hombre para sentirnos plenas en la vida.

Clara Coria que define a la pareja como: una pareja es el encuentro de dos personas que desean estar juntas porque comparten
proyectos y/o afinidades sociales, intelectuales, sexuales, afectivas, éticas o muchas otras cosas que sería largo enumerar, porque cada pareja es única en sí misma… una pareja está compuesta por personas individuales con idiosincrasias y anhelos propios…
una unión formada por individualidades y enriquecen el conjunto cuando ambos estén dispuestos a compartir con el otro en un equilibrio donde lo común y compartido no haga desaparecer lo propio e individual.

Leí la definición hace años, la utilizo en mis acompañamientos psicoterapéuticos y talleres pero aún me siento desesperanzada por encontrar algo que se ajuste a esta definición.

Sigo sintiendo que el amor es una atadura y monotonía. Aunque, a veces, debo de confesar que me surge la necesidad de encontrar y estar alguien con quien compartirme y sentirme enamorada sin sentir que pierdo mi libertad, mi paz mental y mi individualidad.
Para Simone de Beauvoir, la individualidad es fundamental para el amor porque si no somos individuas quedaremos colocadas como seres subordinadas de otros seres (Lagarde, 2022). Y yo estoy en contra de todo lo que implique subordinación.

Considero importante enfatizar que no estoy en contra del amor pero si del amor
romántico.

En el 2021 conocí a una mujer que me hizo mirar que el amor, dentro de la crueldad, indiferencia, pérdida sin sentido, violencia extrema e injustica sigue siendo el aliciente en su vida, yo pensando que ante las violencia prepondera el enojo y la tristeza, ella me hizo ver que el amor ha sido lo que la ha mantenido en pie de lucha. Fue a través de su mirada que comencé a mirar el amor como una emoción y no como una limitación. 

Myriam Muñoz Polit me hizo reforzar que el amor se trata de una emoción inherente a las personas, esta autora nombra al amor afecto. Sé que la palabra afecto no suena romántica, cálida, tierna o dulce, no se le va diciendo a la persona que se quiere “te afecto o te afecto
mucho” pero si identifico que es una emoción y palabra que está libre del amor romántico y del patriarcado. Por eso ahora y en adelante utilizo la palabra afecto.

Si te sientes identificadx con alguna de estas líneas y necesitas contención emocional, no dudes en contactarnos. ❤️‍🩹