¿Podemos tener libertad dentro de una relación de pareja?, ¿el amor romántico también afecta nuestros cuerpos?.

Desde nuestras reflexiones en Semilleros de terapia Feminista, Jessica nos responde a estas preguntas y otras más, leamos qué nos dice continuación sobre este tema:

“¿Corazón roto? Amor y dolor, una dupla inseparable en cuanto a amor romántico se refiere y es que se nos presenta como algo inevitable, como si el amor atrajera al dolor, como si no pudiesen coexistir el uno sin el otro. Amor romántico: felicidad
momentánea, sufrimiento constante.

 O, será que ¿sólo lo que viene en clave de amor, lo que nos hace vibrar desde ese potencioso sentir, es aquello que nos
puede realmente doler con toda su fuerza? ¿Qué psicópata nobleza? Cada vez nos queda menos duda de que el amor romántico y el patriarcado —de una manera muy sutil— a las mujeres nos han obligado a aguantar en nombre del amor, a hacernos las fuertes, a callar lo que nos afecta (unas de las tantas pruebas de amor que se nos demandan), y es justo esto que aguantamos, lo que
se nos refleja en forma de dolor y enfermedad en nuestras cuerpas. Pero ¿para qué? ¿quiénes nos volvemos frente al amor romántico o quiénes dejamos de ser? ¿qué es lo que buscamos en el amor? ¿por qué nos aferramos tanto a él, si tantas
veces viene acompañado de sufrimiento? Cabe distinguir primero, ¿si existe la expresión del amor desde otras etiquetas, otros horizontes, otras posturas?

Nuestra querida Emma Goldman, la osada defensora del amor libre, nos brinda algunas claves al respecto. Para ella, “[…] el amor libre es la única condición para una vida bella”. Una vida bella que justo el amor romántico no posibilita, pues es la libertad lo que le estorba, pero para Emma no hay duda, su respuesta es contundente: “¿Amor libre? ¡Como si el amor pudiera no ser libre!”. 

Por ello, ¿puede ser que la libertad para ella, sea lo que proteja nuestras formas de amar, mientras que el amor libre es lo que nos posibilita realmente vivir en libertad? Entonces, en el amor romántico, ¿qué tipo de amor es el que se potencia y permite?

Emma nos responde al respecto: “En nuestro insignificante estado actual, el amor es, sin lugar a dudas, un extraño para la mayoría. Incomprendido y esquivado, apenas echa raíces; y si lo hace, muy pronto se marchita y muere. Su delicada libra no puede soportar la tensión de nuestro agobio diario. Su espíritu, demasiado complejo, no puede adaptarse a la trama viscosa de nuestra textura social.”

Así pues, desde su feminismo, Emma nos invita constantemente a volvernos en esas libertarias extremistas que no necesitan pretextos para ejecutar ninguna de sus acciones. Esas libertarias que posibiliten en cada uno de sus actos, en cada una de sus respiraciones el amor propio, ese que se expresa en la construcción de la propia voz, en los latidos de cada acción bonita y alegre que realizamos. Un amor que nos haga palpitar bonito de nuevo, en armonía y alegría, en apapachos, cobijos y caricias para nosotras mismas y para las personas que amamos, o como nos menciona Emma: dándonos palabras de amor o un cuidado con ternura.

En otras palabras, el meollo del amor, radica en abrir las posibilidades del ejercicio de nuestro amor, pues un amor romántico que no respeta nuestras existencias, nuestros propios ritmos y nuestros propios tiempos, no nos ayuda a generar autonomía, agencia, determinación ni aprendizajes. Nos invita a latir al ritmo de otra persona, nos desconecta de nuestra cuerpa y con ello de nuestra vida, de nuestra existencia, de nuestra voz, de los afectos cálidos y apapachadores.

Hoy más que nunca, debemos considerar como punto vital que cuando se nos respetan nuestros propios procesos, eso equivale al respeto de nuestra individualidad como mujeres que estamos experienciando este mundo, y para ello, es fundamental movernos desde el amor, pues como nos dice Emma: “El amor [es] el elemento más fuerte y más profundo de la vida, el precursor de la esperanza, de la alegría, del éxtasis; el amor, que desafía todas las leyes, todas las convicciones; el amor, el más libre, el más poderoso de los forjadores del destino humano”. En suma, una fuerza totalizadora con la que conectó y desconectó, así como me conectó y desconectó de mi amor propio, del amor romántico, aunque mientras me siga conectando a éste último, me seguiré desconectando de mi misma y por ende, de mi amor propio.

Por ello, amor romántico y amor propio no pueden coexistir al mismo tiempo, pues
mientras el primero me afecta de múltiples maneras pues me restringe constantemente mi autocuidado y me lleva a vivir en la angustia de un amor equívocamente correspondido; el segundo, que no sabe de restricciones, me invita a “[…] vivir una vida emotivamente satisfactoria con [mis] propias convicciones”, pues es ese tipo de amor el que favorece a la mujer libre, pues la 7
invita a convertirse “[…] en una fuerza hasta ahora desconocida en el mundo, una fuerza de verdadero amor, de paz, de armonía; una fuerza como un fuego divino, dador de vida: creador de hombres y mujeres libres”. Esa es la verdadera emancipación de nosotras las mujeres.

De hecho, nos dice Bruna Bianchi que “La visión que Emma Goldman tenía del «maravilloso ideal» es una visión abierta a la posibilidad. El compromiso de toda su vida fue favorecer las condiciones para el desarrollo y la expresión de una
interioridad vital y creativa en todos los aspectos de la vida”, que nos puedan llevar a conducirnos a relaciones positivas de paz y armonía con los demás. Aún más, “El ideal de un futuro anarcofeminista, un período en el cual todos serían
libres en el amor y en el trabajo, capaces de hacer de sí mismos personas plenamente humanas y creativas, capaces de producir verdadera riqueza social”.

Y para ello, puso su énfasis en la sexualidad y en las relaciones de amor, pues en ellas, “Emma reconocía una fuente de energía creativa, una fuerza vital decisiva en el proceso de transformación individual y social”, poniendo particular énfasis en liberarnos al mismo tiempo de todas la prohibiciones y limitaciones que no permiten la expresión sincera de nuestro ser.
Por ello, continúa Bruna: la defensora del amor libre puso “El énfasis sobre la necesidad de vivir la revolución en la vida cotidiana, partiendo de las relaciones íntimas, [siendo] quizá la contribución más relevante que Emma Goldman hizo a
la reflexión feminista, un punto de vista que […] se convirtió en un punto de referencia importante para el movimiento de las mujeres en las siguientes décadas”.

Mas, Emma también habló de la sustancia de la vida, de ese potencial creador
que es facilitado por el amor sin trabas que contiene la honda emoción de la verdadera mujer, donde las emociones sexuales y el amor son de las expresiones 13 más intensas de nuestro ser mujer, las cuales debemos resguardar de la 14 intervención, legal, religiosa y moral que nos han llevado a vivir una “[…] innatural vida sexual y amorosa”, para mantenernos firmes en la expresión de nuestro 15amor libre, pues la mujer debe estar “[…] insistiendo que no se la despoje de la menor libertad; escuchando la voz de su naturaleza, ya la llame para gozar de los grandes tesoros de la vida, el amor por un hombre, o para cumplir con su más gloriosa misión”.

A todo ello, vale la pena traer a la mesa, el lugar donde no sólo esas emociones sexuales y el amor se resguardan, sino también las prohibiciones, regulaciones y coerciones que acompañan al amor romántico, ese lugar que resguarda la energía creada de nuestras relaciones íntimas, esa fuente de energía creativa y creadora concebida a través del ejercicio de nuestra sexualidad; es decir, nuestro útero, nuestro caldero sagrado, el cual, destaca por existir para protegernos, pues guarda y encapsula nuestras memorias de dolor, sufrimiento, tristeza, frustración y desvalorización, principalmente.

Así pues, nos encontramos con la palpitación de un órgano multifuncional que reside dentro de nosotras las mujeres, que nos habla todo el tiempo, e incluso nos grita para que escuchemos su mensaje, lo cual no es nada fácil en una sociedad patriarcal que lo que propicia es justamente, la desconexión con la cuerpa y por ende, con todas los mensajes que ella trae consigo. Por ello, sentipienso que Emma en sus escritos ya estaba entreviendo esa parte energética que también radica en la cuerpa y de la que tenemos que tener especial cuidado para ser impactadas por energías de cuidado.

En este sentido, se vuelve fundamental que evidenciemos ¿qué tipo de energía es la que nos impacta cuando nos encontramos en relaciones que favorecen el ejercicio del amor romántico?, ese que fomenta prácticas que van desde
afecciones momentáneas, hasta la generación de enfermedades propias de la mujer, como las afecciones de útero, senos, tiroides, entre otras.

Además, resulta fundamental que sigamos siendo nosotras, las mujeres, las afectadas por este tipo de relaciones, las que dialoguemos sobre estos temas, para juntas ir vislumbrando cada vez más, prácticas de autocuidado y cuidados
mutuos de todo lo que implica la integración de todo lo que nos hace ser mujeres, es decir, de nuestra cuerpa física, mental, emocional, energética, y espiritual, pues sólo al vernos desde esta integralidad, podemos vislumbrar y entender compasivamente por qué nuestras cuerpas actúan de determinadas maneras y ver qué es lo que lo detona, para así, poder evitarlo.

Tenemos que evidenciar cada vez más cómo la energía que guardamos de las afecciones que vivenciamos (heridas emocionales y memorias atrapadas), se guardan en nuestros calderos sagrados y sí no la liberamos, se pueden llegar a convertir en afecciones uterinas (encapsulamientos de nuestros sentires más dolientes); o que esa práctica patriarcal donde los hombres descargan en nosotras sus problemas cotidianos, malestares y estrés, a través del acto sexual, nos pone como simples receptáculos, en lugar de ser partícipes sintientes que cultivan su placer a través de un acto sexual amoroso y cuidadoso; o que también damos a luz vida, cuando creamos proyectos que hablan de nosotras y que cuando dejamos de crear (a causa de las prohibiciones propias del patriarcado y del amor romántico), nos vemos afectadas en todo nuestro ser.
O que tan sólo, los conflictos con la pareja, esos que ya pasan desapercibidos en nuestras vidas cotidianas, por ser tan frecuentes y comunes, nos generan emociones que son en parte expulsadas en forma de dolor durante nuestras menstruos, que nos generan además sentimientos de resentimiento, falta de reconocimiento y una profunda desvalorización y con ello, profundas afecciones
en nuestras cuerpas psíquicas y emocionales y que al no trabajarlas, se convierten en afecciones físicas, con el propósito de que al ser algo más evidente de ver, les podamos dar atención. En suma, debemos evidenciar que el exceso de violencias, de abusos de toda
índole, con especial énfasis en los abusos sexuales, el exceso de tristezas y frustraciones, genera en nosotras profundos dolores, que en su conjunto se vuelven insoportables de conllevar y sobre todo, cuando los hacemos desde la soledad y por tan prolongados tiempos. Mientras que cuando los empezamos a expresar y a mover desde el canto, el baile, el diálogo amoroso, etc., sucede que nuestras cuerpas comienzan a expresar armonía, incluso nuestras menstruos dejan de doler.

Entonces, vemos con más claridad, que menstruar no es significado de padecer dolor y que ser mujer no es significado de venir a sufrir a este mundo, sino que es propio de los detonantes: patriarcado y amor romántico, es decir, es el resultado
de ser mujeres menstruantes dentro de un sistema patriarcal que no nos procura, y al cual no le importa si nos rompe o no el corazón, aunque eso, a la larga pueda costarnos la vida misma o el vivir una vida bella. Afortunadamente, tenemos
aliados que han dedicado parte de sus estudios a ver las afecciones propias de la mujer, generando con todos sus conocimientos, prácticas de sanación para nuestras cuerpas, nuestros calderos sagrados y nuestros corazones: las amorosas y
apapachadoras medicina china y las prácticas naturales de nuestras ancestras.

Cuando estas dos prácticas se ponen a dialogar con las mujeres, demuestran que los antecedentes de nuestros dolores corporales, sí que tienen su raíz en el sin fin de prácticas patriarcales que logran que las mujeres sean afectadas por los
mismos factores y ejecutantes creados por un sistema violentador. Por lo que, los efectos que esto tiene en nuestras cuerpas, deja de ser un problema privado, y se convierte en mi denuncia de una demanda social del ultrajo que este sistema sigue generando sobre nuestras cuerpas. Por esta razón, lo que tenemos que seguir propiciando es el diálogo constante de mujeres —que han aprendido a dialogar con sus cuerpas—, con otras mujeres.

En suma, la relación con la cuerpa y el útero, puede convertirse en una relación de amor propio, pues estos nos cuida y avisan todo el tiempo cómo estamos, qué debemos dejar de hacer, qué nos hace daño y nosotras al cuidarlos, les
brindamos las condiciones necesarias para que vivan por un tiempo más largo en estados de gozo, alegría, equilibrio, armonía, paz y disfrute. Con ello, no se promueve el ya no volver a sentir tristezas (en sus distintas expresiones), pero
definitivamente el amor romántico, nos lleva al extremo de vivirlas a diario y eso afecta demasiado a nuestras cuerpas, pues nos afecta como mujeres amantes de la vida misma, de los hombres, de las mujeres, de las amigas, de nuestras pasiones, de nosotras mismas. “

Si te sentiste identificada con alguno de estos párrafos y necesitas contención emocional, puedes contactarnos. ❤️‍🩹