México es el segundo país registrado todavía en 2024 con la mayor estadística de transfeminicidios según un artículo de Infobae.
El INEGI registró en 2021 que había 316, 258 personas que se identificaban como transgénero y transexual en México.
Teniendo en cuenta estos datos, ¿qué tanta visibilidad le estamos dando a las vidas que han registrado algún tipo de transfobia o discriminación? ¿Somos conscientes de cuáles pueden ser algunos comentarios o acciones violentas que repercuten en la manera en la que una persona está viviendo su vida? ¿Si alguien no se refiere por el nombre o pronombre con el que se identifica una persona, le impide el acceso a un lugar como un baño o más aún un centro laboral, si se le objetiviza como objeto sexual o se refuerza su diferencia a partir de un órgano sexual, somos conscientes que todas esas acciones invisibilizan las violencias?
¿De qué hablamos cuando hablamos de visibilidad trans?
La vista no empieza con la mirada. Imagina que deseas que te nombren y traten de una manera y constantemente la apreciación que tiene el mundo no es la que tú quisieras y te enfrentas con un mundo laboral, escolar, familiar, cultural y político que ha estado dividido en el binarismo hombre-mujer a partir de la diferenciación de la gónada sexual que el sistema médico te asignó al nacer y que socialmente te coloca en un lugar en el mundo en el cual tú no te identificas. Más aún, hay un dispositivo constante que te recuerda que aquellas diferencias no forman parte de lo que se esperaba de ti al nacer. Ahora con esa reflexión en mente, ¿cómo te sentirías? Se habla de la población cis género como aquella que se identifica con el sexo que se le asignó al nacer y ha incorporado las prácticas que socialmente se esperan, por lo tanto, al ser algo normalizado y naturalizado, no existe una búsqueda de visibilidad puesto que es algo que pareciera ya estar dado. Los estudios queer por el contrario han buscado darle la vuelta a ese discurso socio político cultural, cuestionando los discursos heteronormativos y buscando otras formas de relacionarse con lxs cuerpxs, la sexualidad y desde una interrogación constante al Estado y sus binarismos, generando una ruptura en lo que aparentemente era la norma.
Los estereotipos de género, ¿desaparecen al asumir una identidad trans?
Hablar de las experiencias trans no es una realidad homogénea, sin embargo hay ciertas cuestiones que pueden aproximarse a algo que habría que visibilizar y problematizar para construir el violentómetro que puede permitirnos pensar por qué una persona se puede atribuir la facultad de quitarle la vida a alguien por el hecho de estar en el mundo.
Las mujeres trans, no están ajenas a la vulnerabilidad de las mujeres cis género. Por un lado, puede haber una constante búsqueda de obtener un pase para ser vistas como mujeres cis, haciendo un proceso de hormonización, operaciones quirúrgicas, ya que el cuerpo, como dispositivo de la sexualidad tal como decía el filósofo Michel Foucault, termina siendo el depositario de los discursos de lo que es o se espera que sea una mujer. Pensando también en la frase de Simone de Beauvoir que “no se nace mujer, se hace mujer”, las mujeres trans pueden comenzar a aspirar a la hormonización para poder construir su segundo nacimiento, esta conquista por el nombre propio y la constitución como sujetas de enunciación, generando una presentación al mundo, porque es a partir de la mirada del Otro que interpela y que devuelve también el cómo son percibidas. Por ello, uno de los efectos que pueden presentarse es la fetichización, es decir, los ámbitos laborales para las mujeres trans pueden estar atravesados como trabajadoras sexuales por ser objeto y no sujeto. No obstante, dentro del pensamiento queer, acceder al placer se vuelve también una manera de ir en contra de los discursos hegemónicos y socialmente construidos en donde no sólo se muestra la posibilidad de fabricar las corporalidades, sino responder al sistema por medio del acceso al placer ominoso frente a las miradas que no quieren reconocer aquello que causa aproximarse a un cuerpx travestido. Tras ser el cuerpo aquello que se mira, le atraviesan los gestos de lo extraño, como si en la mirada del otro estuviera implícito pedir permiso para existir, es decir, ¿a cuántos de los que conoces se les tiene que corregir para decir el pronombre o nombre correcto? la mirada atraviesa como cuchillas en la calle cuando no aparece la voz que se espera, la estatura o complexión.
Hombres trans
Por otro lado, los hombres trans comparten ciertas características en donde a partir del autoreconocimiento puede existir la búsqueda de la hormonización, mastectomías y luego de que comiencen a aparecer rasgos masculinos como barba, bigote, engruesamiento de la voz, la manzana de Adán, aparece también la incorporación y visibilización a los privilegios patriarcales que se vuelven más presentes porque tras haber nacido con un sexo femenino, los hombres trans atravesaron la socialización desde lo femenino, por lo tanto, el pase aparece desde el privilegio en donde tomando un video que subió el influencer Melo Moreno, compartía que dentro de los cambios que percibió en su experiencia “no hace falta sonreír tanto”, “la relación con la comida cambió, con las mujeres se espera que coman menos que los hombres”, “lo que se espera de mí es muy diferente a lo que se esperaba antes, se me toma más en serio, se me habla con menos condescendencia, se me mira mucho menos por la calle, en donde ahora siento una paz y una tranquilidad antes notaba unas miradas”. Aunque también puede que haya comentarios transfobicos como el recordatorio de “no olvides hacerte tu check up de papanicolaou” que denunció el periodista y artista Dante Ureta que recibió este comentario en sus redes sociales, espacio por decir menos, caracterizado por ser el vertedero de múltiples violencias que desde el anonimato se constituyen como autorizadas para señalar lo que el otro puede o no ser.
¿Quién dice quién puede ser o no ser feminista?
La comunidad trans también necesita representación en la agenda política e ideológica frente al patriarcado-capitalista-capacitista-heteronormativo-neoliberal.
Hay mitos que se están construyendo en torno a la comunidad trans, así como no se pueden homogeneizar las experiencias al decir “todas las mujeres son iguales” “todos los hombres son iguales” así NO todxs las personas trans son iguales. El 12 de agosto del 2025 se hizo viral una noticia que señalaba que una mujer cis policía impidió el acceso al vagón de metro exclusivo para mujeres de la Ciudad de México a una mujer trans llamada Alexa Andrade diciéndole: “tú no eres mujer, eres caballero, ¿sale?”los comentarios en redes son los que abrieron nuevamente el debate en torno a la transfobia social en donde la mayoría nombraba su apoyo a la oficial, añadiendo como argumento que las “cosas como son, tienes pene, eres hombre, punto”. Algunos cuantos argumentaron que había sido un delito de discriminación y que las personas trans también sufren acoso, esta situación fue una muestra de cómo esas 316, 258 personas que se identificaban en 2021 como trans según el INEGI (sin tomar en cuenta que han pasado casi 5 años de esa estadística y seguro las cifras han aumentado) hay una multiplicidad que seguramente han sido violentadas, señaladas y excluidas en diferentes escenarios sociales, en este último ejemplo citado, la persona que violentó representaba una figura que socialmente se le conoce como la que mantiene “el orden social” como es la policía, permitiendo identificar que habita una desinformación respecto a los derechos de las disidencias y aquella figura que podría cuidar, expone y agrede.
Hay otro mito que se ha construido en torno a que la comunidad trans no conforma parte de la lucha feminista, no obstante, si recordamos lo que nombró Judith Butler, ella hablaba de la performatividad del género, comentaba en su obra Cuerpos que importan que “la performatividad debe entenderse, no como un “acto” singular y deliberado, sino, antes bien, como la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra”. Aparece entonces la posibilidad de pensar que las personas trans toman su cuerpo como espacio para representar aquellos discursos que salen de la norma. En ese caso, hablamos de personas que al cuestionar lo previamente establecido, también pueden reconocer los privilegios de raza, clase y género que ha estructurado el sistema heteronormativo, y
¿No será que aquellas personas que niegan la posibilidad de pertenecer a un espacio de lucha a las personas trans están replicando las mismas violencias de exclusión?
¿No será que aquellas mujeres cis y hombres cis que observan que hay un sector de la población que no se identifica con la posición social del sexo que le asignaron al nacer, al replicar u omitir estás mismas violencias, se vuelven complices de las mismas?
El Feminismo es para todo el mundo, decía Bell Hooks, ¿puede ser realmente cierto?
Formar parte de un grupo explotado no hace que una persona sea más propensa a oponer resistencia. Si así fuera, todas las mujeres (y eso incluye a todas las lesbianas del planeta) habrían querido participar en el movimiento de las mujeres. La experiencia, la conciencia y la voluntad suelen ser los factores que llevan a las mujeres a participar en movimientos de izquierdas.
Bell Hooks- El feminismo es para todo el mundo.
Ser feminista es un posicionamiento político, ético, ideólogico, metodológico, que nos permite problematizar las múltiples realidades de los grupos vulnerables, incluyendo personas con discapacidad, afrodescendientes y todxs aquellxs que en algún momento se han preguntado sobre su estar en el mundo y su derecho a seguir formando parte de él. No se trata de una igualdad, ni tampoco estar de acuerdo con todas las personas con las que dialogamos, se trata de afrontar que a partir de las diferencias de nuestras historias de vida, cualquier cuerpo importa. Aunado a poder reconocer que todxs hemos nacido, crecido y adquirido ideas patriarcales porque nuestro lenguaje está mediado por todos los discursos que están permeados por el binarismo sexo genérico y ahora más que nunca le debemos a esas vidas que conforman más de 300 mil personas, la posibilidad de habitar en un país en donde salir a la calle no represente el miedo a no volver a casa, en donde aparezca el temor de ser observadx, negadx el acceso a ciertos espacios, la dificultad de entablar una relación duradera o mucho más el miedo a contar toda la historia de vida, agregar un plus de explicación en su currículum vitae sobre su modo de existir en el mundo, la dificultad de relacionarse con el pronombre que diversas personas puedan expresar de manera erronea para referirse a ellxs, la dificultad de los procesos burocraticos para el cambio de identidad, el constante peligro tras la hormonización y los efectos secundarios en el estado de ánimo, las diversas propensiones a la ansiedad, depresión, angustia, miedo al rechazo y un continuum que… en conjunto,
¿no te parece una historia familiar?
Si formas parte de esta comunidad y quisieras construir un espacio en el cual puedas sentirte acompañadx, ya sea en tu proceso de transición, para apalabrar diferentes experiencias que has vivido en torno a las violencias transfóbicas o quieres darle voz a tu historia y los diversos procesos, no dudes ponerte en comunicación en las redes sociales para que juntes construyamos un tejido colectivo de historias, Sorece desde una terapia feminista, acompaña múltiples historias desde una mirada interseccional, diversa y crítica.